Declaración de Principios

Hace un tiempo, por motivos que no vienen al caso comentar, me reuní con una profesora en un café a conversar. En dicha conversación me planteaba, según su visión, que en el caso de que un autor quiera generar una obra extensa, debía necesariamente cautivar al lector de principio a fin: “¿De que sirve realizar una obra de 1.000 páginas si el lector va a llegar solo a la página 100? La obra tiene que persuadir en todo momento al lector, por ejemplo, ¿leíste el Quijote? ¡Es entretenidísima! Todo el mundo habla del Quijote, pero ¿quien realmente la leyó?. Te apuesto que si realizamos una encuesta rápida a la gente que va caminando alrededor del local preguntándoles quien a leído el Quijote la respuesta será ¿5 de cada 40, 3 de cada 40?” me comentó.

Dichas palabras me hicieron bastante sentido, y a la hora de extrapolar la pregunta al mundo del noveno arte, el cuestionamiento se transformaba en el siguiente: Hay muchos comiqueros que hablan de Little Nemo, pero ¿quien realmente leyó Little Nemo?. Por supuesto no vamos a comparar a Cervantes con Winsor McCay, ya que no tiene sentido mezclar peras con manzanas.

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Para el dibujante Winsor McCay, las maravillas de Slumberland se hallaban nada más al doblar la esquina: Los paseos en elefante eran algo habitual por las calles de Luna Park.

Personalmente, Winsor McCay esta dentro de mis 3 autores favoritos de narrativa gráfica, y a la hora de hacerme amigos dibujantes con los cuales nos prestábamos libros la pregunta que les hacía era “¿Leíste Little Nemo?¿Te lo presto?”. Para mi sorpresa en ningún caso la respuesta fue “si, obvio que lo leí”, si no que “¿en serio? Oohh genial”. Aquellas preguntas no iban destinadas a noveles dibujantes, si no que a narradores gráficos con larguísimas trayectorias. Al prestar la obra, no a todos les gustó, no todos la terminaron, no obstante, todos se maravillaron con el nivel gráfico, vanguardista y gama cromática de las páginas de McCay.

¿Por qué escribo todo esto? Personalmente creo que es necesario presentar algunos autores trascedentes del noveno arte a lectores de cómic. Dejemos las cosas claras: no todos hemos leído todos los clásicos del cómic, no todos tenemos conciencia de la gran cantidad de grandes autores que han existido o que existen, pero creo que si nos educamos y compartimos conocimiento poco a poco vamos a generar mejores dibujantes, mejores guionistas, editores, coloristas, rotuladores y lectores.

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La espectacular silueta de los edificios de Luna Park por la noche en 1906.

Por supuesto que la premisa es pretenciosa, pero si generamos un listado de autores imprescindibles de cómic, nuestras lecturas se verán gratamente beneficiadas. Ejemplo de ello es la indagación en la vida de diversos autores fundamentales, y darse cuenta que no todo es azaroso: no es casualidad que Jean Giraud, Moebius, terminara dibujando desiertos llenos de detalles después de vivir en México, o que Winsor McCay se inspirara en el parque de atracciones de Coney Island, ubicado cerca de su casa en Brooklyn, Nueva York, para realizar algunas tiras de Little Nemo y The Dream of a Rarebit Fiend.

Con estas palabras doy por inaugurada la sección Teoría que buscará, entre otras secciones que están en proceso, generar un listado de análisis de 100 autores imprescindibles de cómic a nivel mundial. Ojo, que yo no soy ningún experto ni autoridad en la materia, pero de una u otra forma, los libros teóricos de cómic me han hecho descubrir revistas de cómic experimental japonesas de los 60 (realmente experimentales), autores totalmente desconocidos para mi y publicaciones que generaron movimientos importantes en diversos continentes.

Cristián Valenzuela Varela

www.blancoexperimental.com

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